Días atrás, la
provincia de Buenos Aires adhirió a la aprobación, en mayo pasado, de la Ley 26742 de Muerte Digna. Dos
días antes, había tenido un contacto con eso que se hace llamar “muerte digna”,
o algo así ¿Puede haber dignidad en la muerte? Por definición, la ortotanasia,
o muerte digna, es la actuación correcta ante la muerte.
Hay en la muerte algo que no hay en la vida: la existencia de voluntad; nadie puede elegir empezar a vivir –sí continuar viviendo-; todos podemos elegir cómo, cuándo y dónde morir; absolutamente todos.
Hace días, mientras
preparaba el desayuno algo percibí en el suelo. Un insecto, insignificante,
temblaba; moría de a poco. Detuve mi actividad y me concentré en ver qué hacía.
Nunca había visto morir un insecto de muerte “natural”, y quería ver ese
momento sublime de la naturaleza. Más allá de alguna suciedad cotidiana, el
piso de mi living no guarda ningún resto de insecticida, por lo cual lo que
estaba presenciando era el final mismo de una vida que se aparece ante mí ya
concebida y suele morir traumática e instantáneamente; por eso quería ser
partícipe de ese ritual desconocido.
Me acerqué; era
como una avispa, negra, puntiaguda, con alitas e intentaba moverse con las
últimas fuerzas que parecían quedarle en sus últimos instantes de vida.
Temblaba, se movía histéricamente en un radio de no más de 5 centímetros y, cada
tanto, quedaba quieto, inmóvil, como esperando, instintiva y perspicazmente que
el final le llegara.
Tal vez encontrando
un hueco más acogedor, se quedó quieto por unos segundos en una de las uniones
entre dos baldosas; pensé que había muerto, pero al llegar, volvió a aletear
con rapidez, pero sin la suficiente fuerza para tomar vuelo.
El escenario era
triste, verdaderamente triste. Era, en definitiva, un ser luchando
instintivamente por no perecer, sintiéndose débil, impotente y, quizás, heroico
por haber sorteado lo que otros de su especie padecen: el cachetazo mortal.
Hasta allí, la experiencia era interesante,
pero tomó, segundos después, una dirección insospechada, quizás hermosa, tal
vez increíble.
Como decía Borges,
los animales viven en “la eternidad del instante” y eso los hace menos
previsores, más instintivos. Y algo parecido sucedía con este insecto, que,
pese a no tener dimensión de tiempo, espacio ni ninguna coordenada parecida,
sabía, presentía, intuía, que su tiempo se estaba acabando.
Preso de su
debilidad, cuando ya la arena de su reloj comenzaba a bajar toda y no podía más
que esperar sin esperanza un final inevitable, movió sus alas más rápido que
antes y emprendió el camino último de su vida.
Arrastrándose,
apenas aleteando aunque ya sin la velocidad de antes, con los espasmos de un
organismo ya vencido, se deslizó los pocos centímetros que lo separaban del mueble
del televisor para posarse debajo suyo y llegar, a los pocos instantes, al final
de sus segundos de vida en soledad, que en ese momento es algo parecido a la
oscuridad.
Y así, natural pero
también mágicamente, el pequeño insecto murió dignamente; dejando un mensaje asombroso,
aunque simple. El insecto, un ser miserable para muchos –entre los que me
incluyo, probablemente-, tuvo su última instinto, el de paz, y eligió su lugar
para morir, solo, oscuro, imperceptible.
La muerte digna,
entonces, tuvo lugar en mi casa, a metros de mi ventana, por donde tal vez
entró el insecto ciertamente sin saber que ahí pasaría sus últimos segundos,
sus últimos aleteos y que ese sería, en definitiva, su lecho final, en la
oscuridad y el anonimato.
Me siento realmente agotada, mi vuelo no es el mismo, por eso decido encontrar un lugar seguro…será eso lo que buscamos cuando sentimos que nuestro reloj biológico se va deteniendo?. La ventana es amplia, así que no se me dificulta entrar en ese lugar, necesito detenerme, no se que me pasa, tampoco me lo pregunto, solo hago lo que se instintivamente que debo hacer.
ResponderEliminarMientras descanso sobre el piso, frío, cómodo, seguro…lo veo, ahí esta…me mira, porque le llamo tanto la atención? , noto en sus ojos curiosidad, un poco de tristeza, y un dejo de morbosidad….es lógico…es un ser humano.
Mi tiempo se agoto, lo se, y no puedo hacer nada al respecto….de todas formas, puedo hacer otra cosa mas que morir.
Encontré lo que quería, el lugar indicado y porque no , la mirada y atención de este humano de ojos curiosos. Siento en su mirada respeto, y es eso lo que necesitaba ahora. Vuelo con el ultimo resto de energía, ya todo es paz, el lugar es placentero y me voy bajo la mirada de él. Cumplí mi función, muero tranquila y mientras lo hago pienso (si se nos permite pensar aunque tengamos alas y forma puntiaguda)…ojala él cumpla su destino como yo lo hice….se que va a ser así…ya lo esta haciendo…solo que no lo sabe.