domingo, 3 de febrero de 2013

Salven a los sorrentinos

   Me permito, hoy, un apartado bastante menos pretencioso que algunos de los anteriores artículos.
   Algo pasa con los sorrentinos. Sin ser un fanático de toda la vida de las pastas, debo reconocer que siempre he tenido predilección por los sorrentinos. ¿Las razones? Las desconozco, pero desde pequeño, en aquellas apoteóticas y recordadas cenas en el Club Mar del Plata, con primos, amigos, tíos, padres, etc., ha quedado en mi retina y en mi memoria gustativa el placer de comer esta pasta, mitad gran raviol, mitad relleno simple e inmejorable.
   El motivo de mi escritura, ahora, es tratar de desentrañar lo que, para mí, es un misterio asombroso; quizás el más asombroso del universo culinario: ¿Qué pasa con los sorrentinos disponibles en el mercado? 
   Según data en algunos sitios, el origen de los sorrentinos se vincula con nuestro país, más precisamente con un restaurante de Buenos Aires y de la mano de un chef marplatense -¿casualidad con mi locura por los del Club Mar del Plata?-; también algún cordobés se brega el derecho de reclamar su autoría.
   Es cierto, en este sentido, que el mercado como regulador de las conductas de las masas casi siempre oye, o pretende hacerlo, el pedido de las mayorías; pero no es menos cierto que el clamor por los sorrentinos no está siendo oido por las grandes fábricas de pastas.
   Si, como corroboré, la relación de la velocidad del crecimiento de las uñas de la mano y del pie es, aproximadamente de 3 a 1 en favor de la mano, el de la cantidad de cajas existentes de ravioles en relación a las de sorrentinos es de, por lo menos, 25 a 1, en favor de los primeros. Según esta artículo, los sorrentinos y los ravioles son algo así como primos hermanos, y por eso es que hago la comparación entre unos y otros.
   Entonces, ¿Qué tienen de especial los ravioles por sobre los sorrentinos? La idea del precio es relativa, porque si bien los ravioles suelen ser más económicos, la razón de esta condición puede encontrarse en, por ejemplo, la cantidad de ofertas en el mercado que hay de ravioles; ergo, si los sorrentinos tuvieran más intercompetencia, probablemente su precio, por una de las leyes de autoregulación del mercado, tenedería a bajar.
   En segundo lugar, en un mundo en el cual la cantidad muchas veces es más fuerte que la calidad, la idea de que una plancha de ravioles es más abundante que, por ejemplo, media docena de sorrentinos, puede venir a reforzar la idea de la sobreabundancia de los primeros sobre los segundos. En este sentido, la catarata de ravioles suele dar, ante la primera mirada, una idea de saciedad mayor a la de un plato con 6 sorrentinos; pero, lejos de ser así, la sensación de saciedad suele ser, sino la misma, similar.
   Con el tiempo, los sorrentinos, en virtud de la escacez que hay en el mercado, se pueden considerar los "reyes" del mundo de las pastas; su poca participación en las góndolas, hacen que cada planchuela cotice por sí sola. Y nadie, a ciencia cierta, puede explicar esta aberración.
   El sorrentino se ha convertido en lo que es, entonces, gracias a la acción deliberada del mercado que, por haberlo dejado de lado del alcance del consumo masivo, automáticamente lo ha puesto en una especie de lugar de privilegio que no se sabe si alguna vez pretendió ocupar.
   Sin dudas que, más allá de las razones y la historia detrás del consumo de este planto, hay una valoración si se quiere clasista del sorrentino; valoración por todos lados absurda y artificial, puesto que nada sería así si el sorrentino se encontrara con la facilidad que se hallan los ravioles.
   Si se aspira a un mundo más justo, con más igualdades de acceso para la mayoría, entonces llegó la hora de sincerarse en relación a los sorrentinos, que están siendo vilmente discriminados por el mercado, primero, y las fábricas de pastas, después.
   Por eso, ya sea por orgullo patriótico o por una mera reivindicación gastronómica es que se impone un pedido de salvataje de esta noble pasta, que seguirá, tal vez, incomprensiblemente ignorada en góndolas y en menúes y que merece una oportunidad para salir del ostracismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario